Malvada insulina

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Dr. Phil Maffetone
Traducción: Ester Galindo

La idea de tener que ponerse una inyección es algo que muchas personas evitan, e incluso temen. “Voy a hacer todo lo posible por evitarlo”, me dijo enfáticamente un paciente hace muchos años. Pese a ello, no fue capaz de modificar sus hábitos alimentarios y evitar que su páncreas se consumiera. A los pocos meses estaba inyectándose insulina a diario…

                Que te diagnostiquen diabetes es una píldora difícil de tragar. En realidad, se trata de una enfermedad que puede prevenirse y muchas personas sucumben a la inyección diaria pese a los efectos secundarios de la insulina, que a menudo resultan devastadores. ¿Por qué? Pues porque la mayoría de las personas no está dispuesta a modificar su dieta y tampoco recibe ayuda de los profesionales de la salud, los medios de comunicación ni cualquier otra institución influyente, a pesar de toda la ciencia que hay ya detrás de esto.

A día de hoy, un alarmante número de personas se halla en riesgo de desarrollar diabetes y pasar a requerir inyecciones de insulina. Esto incluye cualquier persona que se encuentre dentro del espectro de la intolerancia a los carbohidratos, que ronda ya el 75 por ciento, o más, de la población mundial. La triste realidad es que muchas personas no están dispuestas a alimentarse de manera saludable para evitar ser diagnosticadas de diabetes.

Con esto me refiero, naturalmente, a la diabetes tipo 2. Esta forma de diabetes se puede prevenir ­ reduciendo los alimentos ricos en carbohidratos y eliminando los alimentos con un índice glucémico entre moderado y alto, especialmente los azúcares y los productos elaborados con harinas refinadas. (Naturalmente, también es importante realizar un mínimo de actividad física.)

El hecho es que incluso en las personas diagnosticadas con diabetes tipo 2, el páncreas sigue produciendo algo de insulina. Y esta puede ser suficiente para evitar la medicación, siempre y cuando la persona siga una dieta realmente saludable y se mantenga físicamente activa.

La llamada forma adquirida de diabetes, la mellitus tipo 1, es muy distinta, ya que aparece como una enfermedad autoinmune en la infancia o en adultos jóvenes. Estos casos constituyen un 5 por ciento, aproximadamente, del total de diabéticos.

En la actualidad, ambas formas de esta enfermedad están aumentando en todo el mundo a gran velocidad. Y aunque están consideradas patologías distintas, comparten algo muy relevante: el hecho de que multitud de pacientes requieren de inyecciones diarias de insulina para mantener estable su nivel de azúcar en sangre. (Para algunos casos, existe la posibilidad de tomar medicamentos orales.)

Mi experiencia con la diabetes empezó antes de que abriera mi consulta privada, puesto que me la diagnosticaron a principios de los años 70. Afortunadamente, para entonces yo ya sabía lo suficiente sobre nutrición como para realizar de inmediato los cambios necesarios: una mejor alimentación y algo de actividad física. A día de hoy ya no se me considera una persona diabética, pero podría caer fácilmente en ese estado sólo con que me diera por comer la típica dieta estadounidense, repleta de hidratos de carbono refinados —algo que evito a toda costa, por supuesto.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos afirman que “La diabetes tipo 2 puede prevenirse comiendo alimentos saludables, realizando actividad física y controlando el peso corporal. Y dicha enfermedad puede mantenerse a raya con estas mismas medidas”.

En los próximos años, se estima que un tercio de la población estadounidense será diabética. Hoy en día, esta enfermedad le cuesta a los Estados Unidos más de un cuarto de billón de dólares al año.

Dentro del espectro de la intolerancia a los carbohidratos, la diabetes aparece en una etapa tardía. Pero las anomalías suelen aparecer ya a una edad temprana. Incluso en el mismo nacimiento pueden darse indicios de que la salud del bebé no es óptima. Lo cierto es que, a diario, nuestro organismo nos manda un montón de advertencias sobre posibles problemas de salud en el futuro.

A continuación encontrarás algunos signos y síntomas habituales de la intolerancia a los carbohidratos, tanto en adultos como en niños.

En adultos:

  • Falta de concentración y somnolencia tras las comidas
  • Aumento de los gases intestinales o hinchazón abdominal tras las comidas
  • Sentir hambre con frecuencia
  • Aumento de la grasa abdominal o facial (sobre todo en las mejillas)
  • Falta de energía o fatiga frecuentes
  • Insomnio o apnea del sueño
  • Aumento de la talla de cintura con la edad
  • Dedos hinchados/sensación de tirantez tras el ejercicio físico
  • Historial personal o familiar con alguna de estas afecciones: diabetes, piedras renales o biliares, gota, hipertensión arterial, colesterol alto/HDL bajo, triglicéridos elevados, enfermedades del corazón, derrame cerebral, cáncer de mama
  • Bajo consumo de carne, pescado o huevos
  • Dieta baja en grasas
  • Antojos frecuentes de dulces o cafeína
  • Ovarios poliquísticos (quistes ováricos) en mujeres.

En niños:

  • Bajo o alto peso al nacer (2,5 kg o menos, 4 kg o más)
  • Más alto que la media para la edad
  • Aumento del peso o la grasa corporal
  • El padre o abuelo es prediabético o sufre diabetes tipo 2
  • Problemas para dormir
  • Madre: alto nivel de estrés durante el embarazo
  • Agresividad o ira
  • Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)
  • Comer en exceso dulces o carbohidratos
  • Poca actividad física
  • Antojo constante de dulces

En realidad, las personas no fallecen a causa de la diabetes —a pesar de aparecer esta en los certificados de defunción—, sino por  los nocivos efectos secundarios de la insulina: enfermedades del corazón, derrames cerebrales e incluso otras enfermedades crónicas prevenibles, como el alzhéimer y el cáncer. Así que la clave, para cualquier persona con diabetes, radica en reducir la dependencia de la insulina. Muchas de ellas consiguen incluso acabar con ella.

Lo mismo es aplicable a los pre-diabéticos y demás personas intolerantes a los carbohidratos. En estos casos, el organismo fabrica un exceso de insulina debido a la mala alimentación, por lo que el objetivo está en reducir la producción de insulina. Los signos y síntomas mencionados anteriormente están directamente relacionados con una producción excesiva de insulina.

Mucho antes de que se les diagnostique una diabetes, las personas que se mueven dentro del espectro de la intolerancia a los carbohidratos, incluida la pre-diabetes, secretan un exceso de insulina. El cuerpo puede producir un exceso de insulina durante años, siempre y cuando se ingieran carbohidratos con un elevado índice glucémico, como por ejemplo: azúcar, cereales, pan, panecillos, tortitas de arroz, pasta, patatas, refrescos, bebidas deportivas y barritas energéticas, y, por supuesto, dulces y pasteles. (También las dietas altas en proteínas pueden causar una producción excesiva de insulina.) Estos alimentos, que desencadenan mayores niveles de insulina, dan pie a que aparezcan algunos o muchos de los signos y síntomas antes citados.

Este problema es de sobra conocido y hasta hace poco recibía el nombre de hiperinsulinemia (exceso de insulina). Pero ese nombre era demasiado engorroso y no cuajó. Hoy en día, se conoce popularmente como síndrome metabólico. Pero, por desgracia, esta nueva denominación engloba ciertas patologías que son el resultado final del síndrome, como un alto índice de grasa corporal, niveles elevados de triglicéridos y colesterol (HDL bajo), hipertensión y altos niveles de azúcar. No describe, sin embargo, que los carbohidratos refinados son los que conducen a dicho exceso de insulina. ¿Por qué ya no se informa de la insulina alta a los que (todavía) no son diabéticos? O ¿por qué los profesionales de la salud no recomiendan encarecidamente a sus pacientes diabéticos que reduzcan de manera significativa, o procuren eliminar, su necesidad de insulina comiendo bien y realizando ejercicio físico? Algunos profesionales lo hacen, pero a la mayoría le resulta más fácil recetar una pastilla, por así decirlo.

Entonces, ¿quién es el verdadero villano aquí? La industria alimentaria, sin duda alguna, quiere que comas más comida basura, lo cual empeora todos los problemas señalados en este artículo (y muchos otros). Por otro lado, los controles de azúcar en sangre constituyen una gran fuente de ingresos para la industria farmacéutica. Ambos lobbies invierten miles de millones en publicidad para convencer a las masas de que compren sus productos.

La insulina se vende como un medicamento milagroso, pero tomada en exceso puede ser más perjudicial que la heroína. Y lo mismo puede decirse de la insulina natural que produce nuestro organismo.

Nuestras necesidades de insulina son más bajas de lo que la mayoría de las personas piensa. El páncreas sólo fabrica más insulina cuando se consumen alimentos ricos en carbohidratos, y en el caso de los diabéticos se requiere de una dosis extra de insulina. Este problema puede observarse incluso en un individuo relativamente sano que siga la típica dieta norteamericana: su producción de insulina puede ser el doble que el de una persona que no ingiera hidratos de carbono refinados. Conclusión: reduce la ingesta de hidratos de carbono y podrás rebajar en gran medida tus necesidades de insulina.

Lo cierto es que nuestros músculos pueden obtener cantidades adecuadas de azúcar (glucosa) sin necesidad de generar insulina. De hecho, esto ocurre todo el tiempo, tanto mientras realizamos actividad física como inmediatamente después, dos momentos en que la secreción de insulina es muy baja.

En realidad, los humanos no dependemos del azúcar para obtener energía. También podemos obtener una buena cantidad de energía de la grasa, reduciendo así la dependencia del azúcar. Aquellas personas que queman una mayor cantidad de grasa y menos azúcar gozan, por lo general, de un mejor estado de salud. La insulina afecta nuestra capacidad de quemar grasa corporal para obtener energía, razón por la cual aquellas personas que están expuestas a un mayor nivel de insulina presentan más grasa en sangre.

Por supuesto, el mayor indicador de que podrías llegar a sufrir diabetes —o cualquier patología dentro del espectro de la intolerancia a los carbohidratos— es consumir comida basura. La mayor parte de este tipo de “comida” se compone de hidratos de carbono refinados, es decir, todas las formas posibles de azúcar y harinas refinadas. Tenlo bien presente: una  alimentación de veras saludable NO incluye ninguno de estos productos.

Tanto si ya eres diabético (del tipo que sea), pre-diabético o presentas factores de riesgo para una intolerancia a los carbohidratos porque secretas demasiada insulina, quiero que sepas que abordar la causa del problema es muy simple: elimina todos los carbohidratos refinados de tu dieta. A algunas personas, reducir incluso los hidratos de carbono naturales les puede ayudar a reducir el exceso de insulina, e incluso disminuir la dosis inyectable.

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