Edulcorantes sintéticos: que no te amarguen la vida

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Por el Dr. Phil Maffetone

Traducción de Ester Galindo

Cinco cosas que necesitas saber antes de consumir edulcorantes, tanto si son “naturales” como si no. La primera de ellas es que ninguno es natural.

Tratar un síntoma en lugar de la causa no suele resolver el problema, ya estemos hablando de drogas, comida basura u otros hábitos perjudiciales para la salud. Y en el caso de los edulcorantes artificiales, el hecho de querer cubrir la necesidad de dulce sustituyendo una cosa mala por otra igual de mala puede llegar a resultar realmente dañino.

Hay dos grandes preguntas que giran en torno al uso regular de los edulcorantes artificiales (es decir, sintéticos y sin ningún valor nutricional), incluidos los llamados naturales: ¿Funcionan? ¿Resultan perjudiciales?

Las respuestas a estas preguntas han resultado obvias durante muchos años: no ayudan a las personas a perder peso ni grasa corporal; de hecho, pueden contribuir a aumentar el peso y la grasa corporal. Además, pueden perjudicar nuestra salud de múltiples maneras.

* Cinco cosas que necesitas saber sobre los edulcorantes artificiales:

  • Todos los edulcorantes artificiales son antinaturales y altamente procesados.
  • Pueden causar aumento de peso e incrementar el porcentaje de grasa corporal.
  • Pueden contribuir a sufrir: hipertensión, niveles altos de triglicéridos, colesterol bajo, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
  • Algunas personas los consumen sin saberlo.
  • Pueden contribuir a la adicción al azúcar.

Por fin se está asumiendo el hecho de que la ingesta excesiva de azúcar constituye la principal causa de la pandemia de sobregrasa corporal y el origen de las enfermedades crónicas más comunes a día de hoy en todo el mundo. En lo tocante a estos temas, la ingesta excesiva de grasa y la inactividad física aparecen ya en segundo término, por detrás del consumo de azúcar.

A nivel mundial, la ingesta de azúcar ha aumentado drásticamente, al igual que el consumo de edulcorantes artificiales. En los Estados Unidos, por ejemplo, más del 40 por ciento de los adultos consume diariamente edulcorantes artificiales, siendo su uso en el resto del mundo bastante similar, incluso entre los niños. Asimismo, y según arrojan los estudios que miden estos edulcorantes en la sangre y la orina, muchas personas que afirman no consumir edulcorantes artificiales, inconscientemente los están ingiriendo, ya que gran parte de ellos vienen ocultos en la comida basura, en muchas ocasiones muy bien camuflados.

Sin embargo, la FDA (la agencia para la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos) ha aprobado como seguros los edulcorantes artificiales, siempre que estos se utilicen con “moderación”, lo cual en términos de la FDA significa 23 paquetes de Splenda, Sweet One o Newtame, 45 paquetes de Sweet’N Low, o 75 paquetes de Equal. Y la Academia estadounidense de Nutrición y Dietética afirma que los edulcorantes artificiales pueden ayudar a limitar la ingesta de calorías, a modo de estrategia para controlar el peso o el nivel de glucosa en sangre.

Por otro lado, otras organizaciones —incluida la conservadora American Heart Association—, se posicionan, cada vez más, en contra del uso regular de los edulcorantes artificiales. Y tienen sus razones de peso para hacerlo.

En varios estudios, los edulcorantes artificiales han demostrado tener una estrecha correlación con el aumento de peso y grasa corporal —incluido el aumento de la circunferencia de la cintura—, además de hipertensión, niveles elevados de triglicéridos, bajo nivel de colesterol HDL (bueno), diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Y en el caso del aspartamo, también puede aumentar el riesgo de sufrir leucemia, mieloma y linfoma.

A lo largo de los años, los múltiples estudios realizados sobre los edulcorantes artificiales han arrojado resultados contradictorios. Pero en un reciente estudio publicado en la Canadian Medical Association Journal (2017) se han examinado las investigaciones anteriores y se ha demostrado que estos productos no funcionan como se nos quiere hacer creer, puesto que aumentan el riesgo de acumular grasa corporal y sufrir enfermedades crónicas.

Lo que no debe llevarnos a engaño es que algunos fabricantes vendan sus edulcorantes como “naturales”, cuando en realidad se trata de productos altamente procesados o refinados, incluidos muchos productos de estevia tan en boga en los últimos tiempos. Otros son derivados de sustancias naturales (la sucralosa proviene del azúcar común —sacarosa—, por ejemplo) y también se los etiqueta como “naturales”.

Los edulcorantes artificiales son sustitutos sintéticos del azúcar, en algunos casos elaborados a partir de sustancias naturales como ciertas hierbas o el azúcar común, y su sabor es mucho más dulce que el del azúcar mismo. El mero hecho de estimular el sabor dulce puede hacer que el cerebro responda de igual modo que si estuviéramos consumiendo azúcar común: es decir, responde reduciendo la quema de grasa y aumentando el almacenamiento de la misma.

La mayoría de los alimentos que contienen edulcorantes artificiales son comida basura (de hecho, la presencia de un edulcorante artificial hace que cualquier alimento se convierta directamente en comida basura). Y cuando se utilizan en casa, suelen agregarse a las recetas menos saludables. Muchas personas los echan en el café y el té, porque las personas golosas no son capaces de tolerar el saludable amargor natural de estas bebidas.

Aunque puede sonar lógico que ingerir edulcorantes artificiales con cero calorías puede evitar el daño que causa el azúcar común, en realidad no es así. Los edulcorantes artificiales deterioran la salud empezando por el gusto. El sabor dulce activa el cerebro, ciertas respuestas metabólicas y, sin duda alguna, otros aspectos que aún están por descubrir. Cuando el cerebro recibe el estímulo del sabor dulce, influye en el metabolismo para que este reduzca la quema de grasa y empiece a almacenarla.

Dado que los edulcorantes artificiales en particular saben extremadamente dulces —muchos resultan entre 200 y 700 veces más dulces que el azúcar común y hay una marca popular que llega a saber 20.000 veces más dulce que este—, mínimas cantidades de edulcorante pueden influir en la adicción al dulce, alimentando el círculo vicioso y manteniendo los antojos con cantidades mucho más pequeñas.

Dulce = Recompensa

La búsqueda del sabor dulce es una recompensa alimentaria habitual para muchísimas personas, así como un poderoso estimulante, que rápidamente se desvanece y nos lleva a buscar una recompensa todavía más dulce. Y no se trata tan solo de un tema mental o emocional. Estudios realizados con deportistas han demostrado que el sabor dulce por sí solo puede afectar incluso a la función muscular.

Los alimentos dulces resultan gratificantes, estimulan las vías de recompensa del cerebro y, a través de los mecanismos de aprendizaje y acondicionamiento, aumentan la probabilidad de desear más azúcar; constituye un incentivo muy similar al que lleva a muchas personas a consumir drogas como el alcohol, la nicotina o la cocaína. Los estudios demuestran, asimismo, que aquellas personas que presentan mayor porcentaje de grasa corporal tienden a buscar recompensas más fácilmente.

Romper con éxito el circuito de la adicción al azúcar significa frenar el “gusto por lo dulce”, en lugar de sustituir una cosa mala por otra igual de mala. Y tampoco te creas que esto te va a llevar mucho tiempo; simplemente deja de tomar alimentos endulzados mientras te deshaces de este hábito tan perjudicial para tu salud.

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