Mentalicémonos

Publicada en Publicada en Artículos

Por el Dr. Phil Maffetone

Traducción de Ester Galindo

En estos momentos sabemos que millones de personas acabarán por sufrir alzhéimer y otros trastornos neurológicos de similar naturaleza; unos trastornos que se pueden prevenir, e incluso revertir, por mucho que la mayoría de los profesionales de la salud no se haga eco de ello.

Si bien la enfermedad de Alzheimer genera muchos titulares, lo cierto es que se trata de uno de los múltiples problemas asociados con una cuestión mucho mayor: el deterioro cognitivo.

Entendemos por “deterioro cognitivo leve” una amplia gama de disfunciones cerebrales, es decir, dificultades en apariencia inofensivas que tienen que ver con la memoria, el lenguaje, el pensamiento y el discernimiento. El deterioro cognitivo suele constituir el primer indicio de una función cerebral en declive, que puede conducir a una forma más grave llamada demencia, condición general esta que incluye un tipo específico denominado alzhéimer.

A día de hoy, el alzhéimer constituye una causa común de muerte y los costos de atención por esta enfermedad superan ya tanto a los de las patologías cardiovasculares como a los del cáncer. Además, el 65 por ciento de los casos de alzhéimer se producen en mujeres, lo cual significa que ahora las mujeres tienen más probabilidades de sufrir alzhéimer que un cáncer de mama.

Aunque es cierto que la enfermedad de Alzheimer atrae la atención de los medios de comunicación y, en cierto modo, “tapa” el mayor problema del deterioro cognitivo, en realidad constituye una parte relativamente pequeña de todo el espectro de la disfunción cognitiva. El alzhéimer es solo una de las múltiples afecciones neurológicas que pueden causar deterioro cognitivo, del mismo modo que las afecciones cardiovasculares —como puede ser un derrame cerebral— también pueden dañar el cerebro.

Si un cerebro sano pierde parte de su funcionalidad, desarrollamos cierto deterioro cognitivo. Resulta vital, por tanto, hallar la causa y abordarla. Probablemente, entre las afecciones más comunes que pueden reducir nuestra función cognitiva están: los problemas de azúcar en sangre, la intolerancia a los carbohidratos (resistencia a la insulina) y la inflamación crónica. Estas tres afecciones están interrelacionadas y, por lo general, aparecen cuando hay un exceso de grasa corporal. Las causas de estos problemas, que precipitan el deterioro cognitivo, se deben a desarreglos básicos en el estilo de vida. Por consiguiente, centrarse en estas tres afecciones resulta clave para prevenir y tratar la disfunción cognitiva, incluido el alzhéimer.

Se estima que el deterioro cognitivo afecta ya a un 30 por ciento de la población de los Estados Unidos en personas mayores de 70 años, una cifra probablemente extrapolable a otros países occidentales. Los estudios clínicos arrojan que solamente un 14 por ciento de los estadounidenses presenta cierta predisposición genética a sufrir alzhéimer; una estimación que se obtiene mediante una prueba genética que mide la presencia de varios genotipos de la apolipoproteína E (ApoE). Las pruebas clínicas para conocer otros riesgos cognitivos no son tan simples como esta, pero hay muchas cosas que uno puede hacer para evitar males mayores.

Lo cierto es que, a pesar de invertir miles de millones de dólares en busca de la píldora mágica, la medicina moderna no cuenta todavía con ningún tratamiento farmacológico capaz de curar la enfermedad de alzhéimer u otras deficiencias cognitivas. La naturaleza, en cambio, nos ofrece múltiples respuestas…

Los investigadores disponen ya de evidencia suficiente como para asociar el alzhéimer con otras enfermedades crónicas muy similares. Por ejemplo, los factores de riesgo de sufrir una patología cardíaca o un accidente cerebrovascular —como puede ser una presión arterial alta, unos triglicéridos elevados y unos bajos niveles de vitamina B9 o folato— también pueden aumentar el riesgo de sufrir la enfermedad de alzhéimer. Por otro lado, la diabetes tipo 2 es consecuencia de una resistencia crónica a la insulina (es decir, de una intolerancia a los carbohidratos). Y cuando esta intolerancia a los carbohidratos afecta al cerebro se convierte en uno de los principales mecanismos patogénicos de la neurodegeneración, por lo que ya se está etiquetando al Alzheimer como diabetes tipo 3.

Afortunadamente, aquellos médicos que son conscientes del valor terapéutico de los alimentos naturales llevan décadas ayudando a sus pacientes a prevenir y tratar con éxito el deterioro cerebral mediante simples pautas sobre el estilo de vida. En nuestros artículos hemos tratado ya muchos de estos temas:

  • Inflamación crónica.
  • Intolerancia a los carbohidratos
  • El estrés y los radicales libres.
  • Deshidratación leve y función cognitiva.
  • ¿Qué alimentos son comida basura?

Asimismo, muchos de los medicamentos que tomamos de manera habitual, como los utilizados para combatir el dolor o el insomnio, contribuyen al deterioro cognitivo permanente y reversible (consulta, si no, a tu médico o farmacéutico). Y es que estos medicamentos pueden causar confusión, delirio e incluso cuadros similares a la demencia, además de resultar peligrosos en caso de tener que conducir un vehículo. Incluso el consumo moderado de bebidas alcohólicas puede acarrear estos mismos problemas. Las personas jóvenes que consumen grandes cantidades de alcohol corren un alto riesgo de sufrir deterioro cognitivo en edades más avanzadas.

Las siguientes condiciones también pueden contribuir al deterioro cognitivo, pero es posible remediarlas con éxito mediante una adecuada elección de los alimentos:

  • Una presión arterial demasiado alta o baja puede afectar negativamente a los vasos sanguíneos del cerebro y contribuir a la pérdida de memoria. Y en ocasiones, el hecho de reducir la presión arterial mediante la toma de medicamentos puede hacer que parezca que se sufre problemas cognitivos más serios, ya que se reduce el flujo sanguíneo al cerebro.
  • La depresión es un síntoma común en personas con deterioro cognitivo. Si bien la depresión en sí misma puede conducir al olvido y la neblina mental, también suele constituir un síntoma de la intolerancia a los carbohidratos. La depresión se puede tratar perfectamente con remedios naturales como el omega 3 (EPA), presente en el aceite de pescado, y el folato natural.
  • La apnea del sueño —afección por la cual la respiración se detiene y se reanuda repetidamente mientras la persona duerme— se asocia, también, a la intolerancia a los hidratos de carbono. Esta afección dificulta el poder descansar bien por la noche, lo cual provoca fatiga durante el día, despistes y falta de concentración.

Hay tres grupos de nutrientes que pueden ayudar al cerebro directamente:

  • Los micronutrientes: folato y vitamina D.
  • Los ácidos grasos esenciales, incluido el EPA del aceite de pescado.
  • Los fitonutrientes del jengibre, el ajo y la cúrcuma (curcumina).

Además, el cerebro es capaz de utilizar cuerpos cetónicos (producidos en el hígado a partir de las grasas) para obtener energía, algo especialmente interesante en edades avanzadas, cuando la glucosa puede estar menos disponible.

¿Para qué esperar a que una prueba genética o un examen médico te demuestre que presentas un alto riesgo de desarrollar alzhéimer u otras disfunciones cognitivas? Solamente con eliminar la comida basura y comer alimentos de verdad puedes disfrutar de un cerebro sano. Come comida real y reducirás factores de riesgo como la presión arterial elevada, los triglicéridos elevados y un nivel alto de glucosa en sangre, así como las afecciones derivadas (enfermedades cardiovasculares y diabetes), todo lo cual no haría más que contribuir a tu deterioro cognitivo.

 

Referencias:

De la Monte SM, Wands JR. Alzheimer’s Disease Is Type 3 Diabetes–Evidence Reviewed. J Diabetes Sci Technol. 2008 Nov; 2(6): 1101–1113.

Bredesen DE. Reversal of cognitive decline: A novel therapeutic program. Aging (Albany NY). 2014 Sep; 6(9): 707–717.

Bredesen DE, Amos EC, Canick J, et al. Reversal of cognitive decline in Alzheimer’s disease. Aging (Albany NY). 2016 Jun; 8(6): 1250–1258.

Seshadri S, Drachman DA, Lippa CF. Apolipoprotein E epsilon 4 allele and the lifetime risk of Alzheimer’s disease. What physicians know, and what they should know. Arch Neurol. 1995;52:1074–79.

(Visited 61 times, 1 visits today)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *