La paradoja de los estudios científicos

Publicada en Publicada en Artículos

Por el Dr. Phil Maffetone

Traducción de Ester Galindo

Los estudios científicos demuestran que los entrenamientos duros mejoran rápidamente el desempeño deportivo, pero si supieras que también implican una tasa de lesiones del 50 por ciento, ¿seguirías haciéndolos?

A estas alturas de la película, nadie pone en duda que el entrenamiento de alta intensidad puede mejorar el rendimiento físico. El tema aquí es que también aumenta el riesgo de sufrir algún tipo de lesión, en tanto que la línea entre el desempeño óptimo y el sobreentrenamiento va afinándose más y más al ir incrementando la intensidad. Es lamentable comprobar cómo numerosos deportistas están dispuestos a sacrificar su salud en aras de una mejor condición física. Por este motivo me parece importante difundir que, en realidad, podemos tener ambas cosas, puesto que se trata de una cuestión de equilibrio.

El concepto de entrenar a gran velocidad para competir cada vez más rápido no es nada nuevo entre los entrenadores deportivos, y los investigadores han podido demostrar que el entrenamiento de alta intensidad mejora el VO2 máx., el umbral de lactato, el desempeño a contrarreloj y otros marcadores que pueden traducirse en una mayor velocidad el día de la competición. Estos mismos estudios demuestran que los deportistas pueden sobreentrenarse al aplicar dichos mecanismos, lo cual puede acarrearles lesiones físicas, bioquímicas o mentales-emocionales que en última instancia acaban por perjudicar su rendimiento; y a menudo dicho perjuicio es mayor que los beneficios obtenidos al aplicar estas técnicas de entrenamiento.

Los atletas y demás deportistas que precisan de una buena dosis de velocidad, como en el fútbol o el rugby, y en particular aquellos que requieren de una mayor fuerza física, como en el fútbol, ​​presentan un mayor riesgo de lesionarse. El dilema al que se enfrentan los deportistas profesionales es el de hasta dónde pueden arriesgar para lograr destacar en su especialidad sin llegar a sobreentrenarse.

Los deportistas de resistencia son diferentes, ya que pueden destacar en su deporte sin tener  que realizar sesiones de muy alta intensidad o mayor frecuencia: simplemente mejorando su desempeño a pulsaciones submáximas. Esto se debe, en parte, a que la intensidad en competición es menor, puesto que los corredores de un maratón corren a un 80 por ciento de su VO2 máx. y los de un Ironman, en torno al 70 por ciento. Teniendo esto en cuenta, ganaremos la partida si combinamos de manera óptima el entrenamiento de baja intensidad con el de alta intensidad. Y lo cierto es que el volumen de entrenamiento de alta intensidad que necesitaremos en estos casos es bastante pequeña: de dos a cuatro semanas de entrenamiento por intervalos, por ejemplo, al final de la pretemporada y antes del inicio de la temporada de competición. Este es el primero de los dos aspectos “cortos” del entrenamiento de alta intensidad. Además de trabajar con distancias de intervalo cortas, demasiado a menudo esta fase (que debería ser) corta se convierte en un período “largo” de varias semanas y, en algunos casos, incluso de meses. Más no es mejor: el viejo adagio del entrenamiento es que “la velocidad mata”.

 

¿Por qué muchos deportistas siguen informes de investigación (a menudo informes de segunda mano escritos por redactores de revistas deportivas)? Ojo: la mayoría de los estudios sobre entrenamiento corto y de alta intensidad tiene validez. El tema está en que los redactores no suelen mostrarnos la foto al completo.

Por lo general, el objetivo de los investigadores no es presentar recomendaciones a partir de un estudio en particular; sin embargo, este es el mensaje que suelen dar los redactores de revistas y blogs. Además, la mayoría de las investigaciones se realizan con individuos sanos, mayoritariamente jóvenes universitarios que responden bien a muchos tipos de estrés y tienden a recuperarse más rápido que el deportista amateur. La mayoría de los estudios también son relativamente cortos y restringidos a lo que se está probando, por lo que sus resultados resultan engañosos. Seguir una rutina de entrenamiento durante tres semanas, por ejemplo, como la utilizada en muchos casos de investigación, puede tener un resultado muy distinto cuando se aplica durante tres meses. Y la mayoría de las veces, los efectos negativos o dañinos de un estudio no se incluyen en los hallazgos publicados o simplemente no se divulgan.

Tal fue el caso de una excelente serie de estudios realizados por el profesor Paul Laursen y sus colegas, que demostraron cómo cuatro semanas de entrenamiento por intervalos de alta intensidad, dos veces por semana, aumentaban el VOmáx., la potencia máxima de pedaleo y los 40 km de contrarreloj en un grupo de ciclistas altamente entrenados. Dichos sujetos bien podrían haber sido corredores o deportistas de cualquier otra actividad de resistencia. Lo que no se divulgó, porque no formaba parte del planteamiento del estudio, es que aproximadamente la mitad de los ciclistas mostró signos graves de sobreentrenamiento al finalizar el estudio a las siete semanas. “Tras la primera semana más o menos del estudio, los chicos todavía se mostraban contentos de formar parte de él y sonreían al ver los beneficios”, comenta Laursen. “Pero al finalizar el estudio, la expresión en los ojos de estos muchachos lo decía todo: no estaban contentos conmigo”.

La Revista Bicycling se hizo eco de otro dato paralelo, la mar de interesante, que surgió a raíz de este mismo estudio: uno de los 43 ciclistas respondió increíblemente bien al entrenamiento de Laursen y se convirtió en deportista profesional en su Australia natal.

Este estudio resulta de interés tanto por lo que mostró como por lo que no. Arrojó desempeños mejorados a corto plazo, mejorías en la condición física y el caso de un deportista en particular, que respondió tan bien al entrenamiento que pasó a realizar grandes proezas deportivas. Pero lo que no reveló fue la dirección en la que parecía ir la mayoría de los participantes. No mencionó la salud de los ciclistas a lo largo de ese periodo, y sabemos que la salud es un concepto independiente de la condición física. Esta información no se incluyó en el trabajo de investigación publicado porque no formaba parte del planteamiento del estudio, es decir, no era lo que los científicos estaban investigando.

Los deportistas que sigan el protocolo de este estudio podrían mejorar su consumo de oxígeno y aumentar su velocidad, al igual que hicieron todos los sujetos del estudio, pero ¿a qué precio? Si aquellos jóvenes y sanos deportistas se lastimaron realizando entrenamientos cortos y de alta intensidad, ¿qué pasaría con el típico deportista de fin de semana, que es algo mayor, menos sano y en muchos casos ya está lesionado?

Es habitual que las revistas de deportes escriban sobre los resultados de determinados estudios, pero en ocasiones estos artículos se asignan a redactores que no tienen experiencia en fisiología del ejercicio o no comprenden del todo el planteamiento del estudio. Lo que pretenden al publicarlos es atraer el mayor número de lectores mediante titulares bien llamativos (“¡Corre tus mejores 10K en solo tres semanas!”).

En una revista popular (Runner’s World online, 7 de junio de 2016, “Cómo maximizar tus mitocondrias”), el autor hizo referencia a un estudio no publicado que había sido presentado en la reunión anual del American College of Sports Medicine. Con el fin de incrementar las mitocondrias —las generadoras de energía de nuestras células musculares— en un 40 por ciento, los sujetos realizaron entrenamientos cortos de alta intensidad dos veces al día, siete días a la semana, durante tres semanas. El mero hecho de informar sobre esto da a los corredores un motivo para probarlo: por supuesto, se desconocen las lesiones que este estudio provocó o que los lectores de dicha revista sufrieron.

El British Journal of Sports Medicine publicó los resultados de un programa de entrenamiento a corto plazo, diseñado por profesionales de la salud y destinado a reducir las lesiones entre corredores, que todavía suponían una tasa del 30 por ciento (Taunton et al., 2013). A su vez, el Journal of Strength and Conditioning publicó un estudio en el que se mostraba que el ahora popularizado deporte de alta intensidad conocido como CrossFit tiene una tasa estimada de lesiones del 73.5 por ciento, con un 7 por ciento de estas lesiones que requieren de cirugía (Hak et al., 2013).

Algo en lo que la mayoría de los investigadores estaría de acuerdo es que en realidad desconocemos qué entrenamiento específico —en el caso de que exista— es el mejor para un deportista en concreto. Si bien el concepto de individualidad está ampliamente aceptado, rara vez se aplica. Y mientras la prensa popular siga publicando trocitos de investigación y presentándolos como la respuesta definitiva, los deportistas ávidos de soluciones la seguirán ciegamente en su sempiterna búsqueda del Santo Grial… para terminar sufriendo más lesiones y empeorar su salud.

Los investigadores también estarían de acuerdo en que el cuerpo humano se beneficia más y mejor cuanto más variamos las actividades físicas que realizamos. Por consiguiente, evita realizar únicamente entrenamientos largos y lentos, siempre cortos y de alta intensidad o solamente carreras a pie.

Estate al quite: los secretos ocultos del entrenamiento constituyen un mito, pero los peligros ocultos no lo son. Lo que desconoces puede hacerte mucho daño.

Referencias

Professor Paul Laursen, Sports Performance Research Institute New Zealand (SPRINZ), AUT University, Auckland, New Zealand, now living, coaching and consulting in Canada: www.plewsandprof.com

 

Laursen PB, Shing CM, Peake JM, Coombes JS, Jenkins DG. Interval training program optimization in highly trained endurance cyclists. Med Sci Sports Exerc. 2002 Nov;34(11):1801-7.

Laursen PB, Shing CM, Peake JM, Coombes JS, Jenkins DG.

Influence of high-intensity interval training on adaptations in well-trained cyclists. J Strength Cond Res. 2005 Aug;19(3):527-33.

Maffetone, P. and Laursen, P.B. Athletes: Fit But Unhealthy.

Taunton JE, Ryan MB, Clement DB, McKenzie DC, Lloyd-Smith DR, Zumbo BD. 2003. A prospective study of running injuries: the Vancouver Sun Run “In Training” clinics. Br J Sports Med.;37(3):239-44.

Hak PT, Hodzovic E, Hickey B. The nature and prevalence of injury during CrossFit training. J Strength Cond Res. 2013

(Visited 102 times, 1 visits today)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *