El agua y los electrolitos

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Por el Dr. Phil Maffetone
Traducción de Ester Galindo

¿ES LA HIPONATREMIA UNA ALARMA MEDIÁTICA O UN GRAVE PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA?
Tomar líquidos durante los entrenos y la competición pronto alcanzará su punto álgido de polémica, y no precisamente por lo que te imaginas. La deshidratación, y cómo mantenerla bajo control, no es un tema nuevo. Lo que ha estado salpicando los medios en los últimos años es la hiperhidratación —el beber demasiado y sus efectos sobre la salud. También se le llama intoxicación por agua. Si bien se trata de una problemática que suele asociarse con competiciones de larga duración, como un Ironman, puede ocurrir en cualquier momento si se dan las circunstancias adecuadas. Este problema se ha convertido en uno de los riesgos más serios en ciertas disciplinas deportivas: maratonianos, triatletas y atletas de ultra-resistencia hiperhidratados han fallecido mientras competían o una vez terminada la competición.
¿Qué está ocurriendo? Tal y como voy a comentar en este artículo, pronto se restringirá la cantidad de agua y bebidas isotónicas en las competiciones, con recomendaciones para que los atletas consuman mucho menos líquido del que se les ha incitado a beber durante años. En Nueva Zelanda y Sudáfrica, por ejemplo, ya se recomienda reducir la ingesta de agua y bebidas isotónicas, pese a que en estos países la intoxicación por agua no constituye un problema tan grave como en los EE. UU.
De todos modos, el tema es mucho más amplio. Es cierto que la industria del agua embotellada y las bebidas deportivas han incentivado la idea de que cuanto más líquido, mejor, y han patrocinado carreras y atletas. Pero también los propios atletas ponen en riesgo su salud, e incluso pueden hallar la muerte el día de la competición, por el modo en que entrenan y el estilo de vida que llevan. Incluso se da una correlación con el desequilibrio muscular, la zancada y las lesiones físicas. Además, la intoxicación por agua conlleva otra grave condición que pone en riesgo la vida: la denominada hiponatremia (bajo nivel de sodio en sangre). Por consiguiente, los problemas de hidratación y regulación del sodio deben abordarse de un modo holístico, ya que pueden deberse a múltiples factores.

UN VISTAZO A LA INVESTIGACIÓN
Entre las autoridades que han demostrado que una excesiva ingesta de agua puede conllevar serios problemas de salud está el mundialmente reconocido experto en resistencia, investigador, autor y profesor Timothy Noakes, del Instituto de Ciencias del Deporte de Sudáfrica. Sus recomendaciones de entre 0,4 y 0,8 litros de líquido por hora son muy inferiores a las del American College of Sports Medicine (ACSM), que recomienda de 0,6 a 1,2 litros/hora. Según mis propias directrices generales, que son específicas para atletas sanos, lo ideal es consumir cerca de 1 litro por hora (dependiendo de la persona), a veces más porque muchos atletas tiran bastante agua mientras beben. Y ojo al dato clave: hablo de atletas sanos.
No obstante lo anterior, es importante que cada atleta individualice sus propias necesidades en función de su volumen corporal, la climatología y su nivel de forma física. Si no estás del todo sano, lo más importante es que evites competir, ya que las consecuencias reales que de ello pueden derivarse son: riesgo de lesión, empeoramiento de tu estado de salud e, incluso, la posibilidad de sufrir una emergencia seria (la combinación de intoxicación por agua e hiponatremia sería un buen ejemplo de ello).
Mejorando tu estado de salud general —y no solo tu nivel de forma física— y siguiendo algunas directrices bien simples (como no beber en exceso), puedes mejorar la capacidad de tu cuerpo para regular tanto el agua como el indispensable socio de los electrolitos: el sodio. De lo contrario, podrías aumentar de peso durante una carrera larga y sufrir un grave desequilibrio en los niveles de sodio y agua.
El tema es que, por lo general, a los atletas de resistencia se les incita a beber más durante los entrenamientos y las competiciones de larga duración. Gran parte de la información que reciben procede de las empresas que comercializan bebidas de reemplazo de fluidos, las mismas que patrocinan muchas competiciones. El resultado es que para un gran número de atletas el beber se ha convertido en una obsesión, y no solo cuando compiten. Muchos cargan un botellín de agua hasta para realizar trayectos cortos a pie o en bici, y la mayoría no sueltan el agua ni en la oficina ni en el coche. La omnipresente botella de agua se ha convertido en una especie de chupete para los atletas adultos.
¡Bebe! ha sido la recomendación durante décadas, no sólo en climas cálidos —donde la pérdida de líquido es importante—, sino también en eventos de resistencia en climas frescos e incluso a temperaturas bajas.
¿Por qué hay tanta confusión? Tras un montón de años diciendo a los atletas que es mejor beber más, las investigaciones han demostrado que es posible excederse en la ingesta de Gatorade y otras bebidas de moda, incluida el agua. La respuesta, como siempre, está en el equilibrio.
La clave está en hidratarse lo justo; ni más ni menos. En otras palabras: la ingesta de líquidos durante una competición debería corresponderse con la pérdida de fluidos.

AGUA INSUFICIENTE = DESHIDRATACIÓN
Durante los entrenamientos y las competiciones de larga duración es importante reemplazar los fluidos para así poder mantener el volumen de sangre, la frecuencia cardiaca adecuada y la irrigación sanguínea en la piel para disipar el exceso de calor y evitar que la temperatura corporal se dispare, entre otras cosas. Un atleta adecuadamente hidratado también notará, de forma subjetiva, que el evento le resulta más fácil (percibirá un menor esfuerzo), y esto evitará que sus pulsaciones aumenten demasiado (acto reflejo ante el aumento de estrés, que resulta en una desaceleración).
A finales de los sesenta, Gatorade —bebida creada en 1965 para los futbolistas— empezó a expandirse por nuevos mercados: no sólo en el mundo del jogging, que entonces se estaba popularizando, sino como bebida de uso diario. El auge del maratón en las décadas de 1970 y 1980 acrecentó aún más el interés por las bebidas energéticas. Cuantas más personas se apuntaban a los maratones y triatlones, más líquidos se ofrecían en las competiciones. Por ejemplo, Bud Light fue el patrocinador titular del Ironman de Hawái a principios de los 80, y luego llegó Gatorade. Durante el patrocinio de las competiciones se enfatizó la idea de que «más es mejor» en cuanto al reemplazo de fluidos. La mayoría de los eventos de resistencia firmaron convenios con empresas que comercializaban bebidas isotónicas. Una relación comercial que a día de hoy constituye una industria de billones de dólares. El mensaje principal que estas compañías lanzan a los atletas es ¡bebe más!
La deshidratación puede convertirse en un serio problema de salud y puede aumentar incluso el riesgo de morir. Puede causar fatiga, náuseas, debilidad, calambres musculares, desorientación, dificultad para hablar y confusión. En las ediciones del Ironman de Hawái de 1978 y 1979, los organizadores –preocupados por la seguridad – establecieron un proceso de pesaje. Mandaron parar a los triatletas tres veces durante el tramo en bicicleta (180 km) y una vez durante la carrera a pie (42,195 km) para medir su peso corporal; este se cotejaba con el peso registrado antes de la carrera y, si un participante había bajado al menos un 10% de su peso, los organizadores le obligaban a retirarse de la competición.
Pero solo seis años más tarde se publicaron los primeros casos médicos de un problema mucho más serio para los atletas de resistencia: casos en los que el corredor aumentaba de peso y sufría una fuerte bajada de sodio. Se demostró que un exceso de agua, combinado con un bajo nivel de sodio, tenía consecuencias muy serias y letales. Si hoy día se emplearan los mismos requisitos de pesaje durante un Ironman y competiciones similares, se salvarían vidas, ya que la gravedad del problema suele vincularse al aumento de peso que se deriva de ingerir demasiado líquido y a la incapacidad del cuerpo para regular el agua y el sodio. Cerca de un 25% de los atletas que completan un Ironman presentan un nivel de sodio anormalmente bajo.
Al problema de la hiponatremia, normalmente asociada con la intoxicación por agua, ahora se la conoce como hiponatremia asociada al ejercicio (HAE) —y suele diagnosticarse ante niveles de sodio en sangre inferiores a 135 mmol/litro—. La HAE se manifiesta en los atletas durante la competición o el entreno, o dentro de las 24 horas siguientes. Cuando está más avanzada, puede causar edema pulmonar o cerebral. Esta seria condición, llamada encefalopatía hiponatrémica asociada al ejercicio, pese a ser poco habitual, es una de las razones por las cuales se está hablando tanto de la intoxicación por agua. Este tipo de encefalopatía no solo puede causar alteraciones mentales y problemas respiratorios, sino también ataques epilépticos, coma y muerte.

AGUA EN EXCESO = INTOXICACIÓN POR AGUA
En 1985 Noakes y sus colegas publicaron un trabajo de investigación pionero en la revista Science and Medicine in Sports and Exercise, en el que describían casos de intoxicación por agua (exceso de agua en el cuerpo) e hiponatremia (bajo nivel de sodio en sangre) en cuatro atletas de resistencia que compitieron durante más de siete horas. Cuando se les recomendó beber menos, tres de los atletas completaron más tarde el mismo tipo de evento sin ningún problema. Desde aquel estudio, otros investigadores han analizado en profundidad los problemas de la hiperhidratación y la hiponatremia, junto con sus causas y el mal entendido «cuanta más agua, mejor». La aceptación de este estudio por parte del mundo del deporte —fuertemente vinculado a la industria de las bebidas isotónicas y el agua embotellada— fue escasa.
En 2011 las cosas seguían bastante igual. La intoxicación por agua se mencionaba en revistas y otros medios como un problema ya aceptado y, aunque cada vez más responsables médicos en competiciones advertían del riesgo de beber en exceso, esto no siempre se tradujo a una menor incitación a beber en abundancia durante las carreras.
Incluso después de que una serie de estudios realizados a mediados de la década de 1990 demostraran claramente que hidratarse demasiado podía causar graves problemas de salud —incluida la muerte—, muchos representantes del mundo de la medicina deportiva prácticamente ignoraron el tema. Noakes escribe en el British Journal of Sports Medicine (2010) que «en lugar de eso, en 1996, las directrices del influyente ACSM promovieron la idea de que, durante el ejercicio, los atletas debían beber “todo lo que pudieran tolerar”. El resultado fue una epidemia de casos de HAE y la encefalopatía asociada (EHAE).» Básicamente, las nuevas directrices del ACSM se mantuvieron hasta una década más tarde, tal y como apunta Noakes: «Resulta revelador repasar las conexiones industriales de aquellos que redactaron el ACSM Position Stand en 2007. De los seis autores, cuatro… mantienen una relación directa y duradera con Gatorade.»
Entre 1993 y 2008, Tamara Hew-Butler y sus colegas afirmaron (en el Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, 2008) que cinco maratonianos, cuatro de ellos mujeres, habían fallecido por HAE. (Según los estudios, las mujeres atletas pueden ser mucho más vulnerables a la HAE.)
La HAE puede dar síntomas de fatiga, desorientación mental, alteraciones en la zancada, dificultad para respirar… o ningún síntoma en absoluto, lo cual dificulta su diagnóstico y, si no se cuenta con la ayuda de un buen profesional, puede confundirse con una mera deshidratación.
En un estudio realizado con 2.135 atletas de resistencia que habían realizado un maratón (42,195 km), carreras ciclistas de 109 km y triatlones tipo Ironman de 226 km (Proceedings of the National Academy of Sciences, 2005), Noakes descubrió que un 60 % estaban deshidratados, mientras que el 11% estaban sobrehidratados. En general, un 6 % presentaba hiponatremia leve y un 1 %, hiponatremia severa.
Aquellos atletas que aumentan de peso durante carreras o entrenos de larga duración pueden considerarse sobrehidratados. Aquellos que pierden más de un 3 % de su peso corporal pueden considerarse deshidratados. A día de hoy, la HAE está considerada una de las complicaciones del ejercicio de resistencia más habituales y con mayor riesgo para la vida.
Llegados a este punto, volvemos al principio con las nuevas recomendaciones sobre agua y líquidos para todos los atletas de resistencia; siempre y cuando estas directrices no estén manipuladas o censuradas por las empresas que venden dichos productos, pues suelen ser las principales patrocinadoras de atletas y competiciones. Independientemente de si esta es la causa o solo un factor que contribuye a ello, una ingesta excesiva de agua puede causar HAE y EHAE, por lo que dosificando el agua y educando a los atletas para que no beban en exceso, es posible prevenir estas dolencias letales.
Cuando hablamos de ingerir líquidos, cuesta romper con el tradicional latiguillo de «más es mejor».
En un estudio sobre triatletas de Ironman publicado en 2004 en la British Journal of Sports Medicine, Karen Sharwood y sus colegas concluyeron que «hay una gran cantidad de literatura que sugiere que la deshidratación afecta negativamente al rendimiento e incrementa el riesgo de sufrir un golpe de calor en eventos de ultradistancia. Pero dichas conclusiones se han basado en estudios realizados en laboratorio, con ejercicios de una duración relativamente corta, por lo que su aplicación al rendimiento en el campo es limitada.» El estudio de Sharwood, que se llevó a cabo durante los Ironman de Sudáfrica en 2000 y 2001, demostró que el riesgo de sufrir un golpe de calor no aumentaba junto con los niveles de deshidratación, y que una marcada pérdida de peso tampoco influía en el rendimiento de forma significativa.
De hecho, en algunos eventos de resistencia, eran los primeros atletas quienes presentaban las mayores pérdidas de peso asociadas a la deshidratación. Sin embargo, resulta imposible afirmar hasta qué punto mejoraría el rendimiento de un atleta en concreto, si este no perdiera tanto líquido. Por otro lado, se puede demostrar que incluso una leve deshidratación puede deteriorar la función muscular. En definitiva: si queremos dar unas recomendaciones generales para todos los atletas, debemos tener en cuenta que el tema es extremadamente complejo.
Lo que no es nada complejo es el concepto de auto-gestionar la propia salud. Es bastante probable que aquellos que desarrollan intoxicación por agua e hiponatremia tengan, ya de entrada, un bajo nivel de salud, lo cual les hace más vulnerables a dichas dolencias. En nuestra correspondencia por email, el doctor Noakes se ha mostrado de acuerdo en que aquellos que desarrollaron dichas patologías, posiblemente ya sufrían ciertos problemas de salud que les predispuso a ellas. Durante mi investigación clínica, que se remonta a finales de la década de 1970, me encontré con muchos atletas que padecían un problema de regulación del sodio (a resultas, normalmente, de un desequilibrio hormonal). A partir de estos datos, el doctor Noakes afirma que un 10 % de los atletas corren el riesgo de sufrir hiponatremia por predisposición —y, si a esto le sumamos una ingesta excesiva de agua y bebidas isotónicas, las consecuencias pueden ser graves.
Son los propios atletas quienes deben asumir el control, en lugar de dejar que sea el mercado de las bebidas deportivas el que establezca las pautas de su hidratación. Los atletas deben aprender cuál es el mejor modo de hidratarse durante una carrera de larga distancia —bebiendo más o menos la misma cantidad de líquido que pierden— y evitar consumir bebidas isotónicas de forma cotidiana. Asimismo, deben evitar el sobreentrenamiento y seguir una dieta adecuada. Mejorar el estado de salud general ayuda, también, a mantener el equilibrio hormonal y, por tanto, a regular mejor el agua y el sodio en las competiciones, lo cual puede contribuir, a su vez, a mejorar el rendimiento.
Como la sensación de sed aparece tras un cierto grado de deshidratación, siempre se ha pensado que no es un buen indicador de que el cuerpo necesita líquido. Visto en retrospectiva, y sabiendo que una leve deshidratación no constituye un problema durante la competición, la sed puede ser en realidad el mejor indicador.

PRINCIPALES CAUSAS DE LA INTOXICACIÓN POR AGUA Y LA HAE
Un atleta no necesita ingerir enormes cantidades de agua para desarrollar una intoxicación por agua; también puede ocurrir con cantidades pequeñas. El motivo de ello es que, entre las verdaderas causas de este problema están: 1) un desequilibrio hormonal, que reduce la capacidad del cuerpo para regular el agua adecuadamente, y 2) una mala regulación del sodio, controlada asimismo por otras hormonas. En concreto, lo que se conoce como el síndrome de secreción inadecuada de la hormona antidiurética (SIADH) consta como la causa principal de la HAE. Esto afecta a un importante mecanismo cuerpo-cerebro llamado eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA), el cual produce varias hormonas y regula el agua y el sodio.
Si bien sabemos que durante los eventos de larga duración los atletas pueden sufrir serios problemas de agua y sodio, la verdadera pregunta es: ¿Qué los causa: el beber demasiado o una disfunción física? ¿O acaso el exceso de líquido es tan solo un agravante y no la causa directa del desequilibrio de agua y sodio?
La respuesta a esta segunda pregunta es «sí». Restringir la ingesta de líquidos podría salvar vidas, pero esto sería tratar el problema final y no la causa del mismo. En lugar de pedir a todos los atletas que reduzcan la ingesta de agua durante las carreras de resistencia, sobre todo en condiciones de calor y sequedad —donde la deshidratación puede ser un factor—, lo mejor sería determinar qué personas son susceptibles de sufrir un desequilibrio de agua y sodio, y corregirlo. Obviamente, lo más importante es prevenir el deterioro de la salud y la muerte, pero queda por tratar la causa del problema. Y tanto si se trata de deshidratación como de HAE, la responsabilidad de la prevención recae en cada atleta.
Teniendo en cuenta que el 25% de los finishers de un Ironman presentan un nivel de sodio anormalmente bajo y que yo he observado que muchos más atletas de resistencia muestran algunos signos y síntomas de sobreentrenamiento —lo cual puede afectar negativamente al eje HPA—, el número de individuos susceptibles de sufrir este problema podría ser bastante elevado.
Desde el punto de vista del rendimiento y la salud, el cuerpo tiene una enorme capacidad para adaptarse a la posible pérdida de una cantidad mayor o menor de agua a corto plazo, como durante una carrera (motivo por el cual algunos atletas parecen funcionar bien a pesar de perder un significativo ~ 3 % de agua). Esta adaptación tiene lugar gracias a las hormonas producidas en el cerebro y el cuerpo, que no solo regulan el agua, sino también el sodio en sangre. E introducir una cantidad razonable de líquido en un cuerpo sano debería mantener el agua y el sodio en un cierto equilibrio. Pero, claro, esto ocurre en un cuerpo sano.

LA RECETA DEL DESASTRE
He aquí algunos factores clave asociados a la hiperhidratación y la hiponatremia:
• Un desequilibrio hormonal —en particular, la secreción inadecuada de ADH, que se produce en la glándula pituitaria del cerebro y el hipotálamo— conlleva una mala regulación del agua. La ADH es el principal regulador del equilibrio hídrico del cuerpo e informa a los riñones de la necesidad de conservar o excretar líquido. También hay otras hormonas involucradas.
• En este caso, demasiada ADH (que puede aumentar con el estrés de la carrera) evita que el riñón excrete líquidos, lo cual hace que se acumulen en el cuerpo, y el atleta aumenta de peso.
• El eje HPA también regula el sodio a través de las hormonas de las glándulas suprarrenales. El resultado puede ser una pérdida excesiva de sodio que reduzca el nivel en sangre hasta poner en riesgo la vida.
• Por lo general, si los niveles de sodio en sangre bajan, las reservas de este electrolito (que suelen ser elevadas en los huesos) deberían reemplazar lo que se pierde, pero por causas que se desconocen esto no se da en aquellas personas que sufren hiponatremia.
• Beber demasiado líquido antes y durante una carrera, por encima de la capacidad de los riñones para excretar el exceso de agua, empeora todavía más la situación. Hubo un tiempo en que la gente aplicaba más el sentido común a la hora de beber agua en una competición (basándose en: boca seca, fatiga, temperatura, humedad, ritmo de carrera y kilómetros por recorrer). Pero con la explosión del condicionamiento conductual —publicidad constante por parte de las empresas que venden bebidas de reemplazo de fluidos, y la incitación por parte de los organizadores del evento—, muchos atletas ya no se fían de los instintos naturales de su cerebro.
¿Cómo pueden volverse disfuncionales las glándulas suprarrenales o todo el eje HPA? Estos mecanismos y la producción de las hormonas relacionadas están muy influenciados por el entrenamiento diario, la dieta y otros factores del estilo de vida. El exceso de estrés en cualquiera de estas áreas (incluido el sobreentrenamiento y una mala nutrición) pueden alterar el equilibrio hormonal y contribuir así a una mala regulación del agua y el sodio.
Desde los inicios de mi carrera como entrenador, tuve muy en cuenta el sodio y su papel en la salud y el rendimiento deportivo. Algunos atletas perdían demasiado sodio y se descubrió que este problema estaba asociado con la disfunción muscular y problemas relacionados con los huesos, tales como fracturas por estrés o una baja densidad ósea. El desequilibrio hormonal era una causa habitual, tal y como indicaban las mediciones de la principal hormona del estrés segregada por la glándula suprarrenal: el cortisol. La causa de ello era, habitualmente, el sobreentrenamiento. En cuanto aumentan las hormonas del estrés, bajan los niveles de las hormonas sexuales y, en particular, la testosterona. Esto puede causar, a su vez, problemas musculares, óseos y de otro tipo, que deterioran la salud y reducen el rendimiento.
Cuando un atleta empezaba a trabajar conmigo, yo le animaba a centrarse no sólo en mejorar su forma física, sino también su salud, con el fin de evitar lesiones físicas, químicas y mentales. Al principio descubrí que muchos de ellos sufrían leves (o evidentes) desequilibrios hormonales, que evidenciaban un eje HPA deteriorado. Estos problemas «subclínicos» son los que pueden mantener a un buen atleta alejado de la excelencia.
Además de regular el agua y el sodio, así como el estrés de entrenar y competir, el eje HPA está asociado al control de azúcar en sangre, la producción de energía y la función muscular. Concretamente, el desequilibrio muscular puede ir paralelo al desequilibrio hormonal, especialmente al eje HPA. Se sabe que una zancada irregular está asociada a la hiponatremia. Por lo que un atleta que presente un desequilibrio muscular —que a su vez le genere una zancada irregular y, finalmente, una lesión localizada en un músculo o articulación— acabará por rendir menos de lo habitual.

CÓMO EQUILIBRAR EL CEREBRO Y EL CUERPO
Mejorar tanto la salud como el estado de forma, incluido el equilibrio de las hormonas vinculadas al eje HPA, es algo que la mayoría de los atletas pueden lograr por sí mismos. En determinados casos puede requerirse la ayuda de un profesional, que elabore un programa específico para las necesidades particulares del atleta.
El primer paso es evaluar de forma objetiva el entrenamiento y la competición, el estrés, la dieta y otros factores del estilo de vida que se lleva. Y aquí yace una posible dificultad: la auto-evaluación objetiva en una sociedad donde la publicidad influye en las propias ideas sobre todos estos factores (incluso más que los propios hechos) es algo que debemos aprender a manejar. También hay que contar con todos los artículos de las revistas que vienen firmados por la industria.
Hay muchos factores de nuestro estilo de vida que influyen en el eje HPA. Por tanto, hay hábitos que pueden ayudarnos a corregir un problema y conservar su buen funcionamiento:
• Reducir el estrés en el entrenamiento y la competición. Muchos atletas entrenan más distancia de la que realmente necesitan para obtener el mayor beneficio. En particular, demasiado entrenamiento anaeróbico y competir con demasiada frecuencia pueden causar un estrés indebido.
• Tratamiento físico. Ciertas terapias pueden ayudar a reducir las hormonas del estrés y mejorar el eje HPA, siempre y cuando uno dé con la mejor terapia, y el mejor terapeuta, para sus necesidades particulares. Hay, por ejemplo, ciertas técnicas de biofeedback, que incluyen relajación y respiración profunda, masaje sueco (una técnica particular empleada por fisioterapeutas) y el tratamiento natural de la luz solar, que estimula el ojo desnudo hasta llegar al cerebro.
• Prevenir la inflamación crónica. Este es un problema relativamente habitual entre los atletas, y en ocasiones está relacionado con la muerte en competición debido a que provoca fallos cardiacos. La inflamación también puede afectar negativamente al eje HPA.
• La dieta y la alimentación pueden influir en el cerebro y en el sistema hormonal de forma significativa. Demasiados hidratos de carbono refinados en las comidas o los snacks (fuera de la competición) pueden sobreestimular la hormona insulina y provocar con ello un desequilibrio hormonal y hasta inflamación. Y la restricción de calorías —sobre todo en dietas bajas en grasas— también puede contribuir a la inflamación crónica y al desequilibrio hormonal.

Hay varios indicios que nos informan de cuándo un atleta en particular puede sufrir un desequilibrio hormonal asociado a un eje HPA alterado: un historial de fracturas óseas, osteoporosis y otro tipo de lesión ósea, por ejemplo. También el hecho de despertarse a media noche y no poder conciliar el sueño de nuevo; un aumento de la grasa corporal pese a entrenar fuerte; y cierto desequilibrio muscular (que a menudo está asociado a múltiples tipos de lesiones físicas).
Al tratar el estrés físico, químico y mental, los atletas puede mejorar de forma significativa su salud general y su forma física en particular, lo cual les reportará un mayor rendimiento y un menor riesgo de sufrir cierta desregulación de agua y sodio.
La receta para el desastre llega cuando un atleta no tiene el nivel de salud adecuado por presentar cierto desequilibrio hormonal y una mala regulación del sodio. Si a dicho atleta se le incita a beber grandes cantidades de líquido durante un evento, puede acabar sufriendo hiperhidratación e hiponatremia.
Una simple autoevaluación puede ayudarnos a descubrir si corremos el riesgo de sufrir una intoxicación por agua. Si te pesas antes y después de un entrenamiento intenso y largo, o sobre todo después de una competición, podrás ver si tu peso corporal cambia por efecto de perder (o ganar) líquido. Cualquier cambio atípico —una pérdida o ganancia de peso de más del 3 %— debería considerarse una señal de alarma, que nos alentara a realizar una evaluación más a fondo.
Los graves problemas de intoxicación por agua e hiponatremia también deberían ponerse en perspectiva con respecto a otras muertes que tienen lugar durante eventos de resistencia. Para un estudio publicado en el British Medical Journal (2007) se examinó a veintiséis maratonianos estadounidenses entre los años 1975 y 2004. A lo largo de esos treinta años se confirmaron veinticuatro muertes súbitas por fallo cardiaco: veintiuna de ellas debidas a la arterosclerosis, cuatro por intoxicación por agua e hiponatremia, dos debidas a irregularidades cardiacas y una por golpe de calor. Prácticamente todas estas muertes podrían haberse evitado.
Los atletas sanos que entrenan de forma adecuada tienden a regular el sodio y el agua de forma correcta y eso les aleja de la hiperhidratación y la hiponatremia. Lo ideal es que los atletas se responsabilicen de su propia salud para asegurarse de que reducen el riesgo de enfermar o morir, al tiempo que desarrollan su máximo potencial deportivo.

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